MEDITACIONES DE SAT NAM RASAYAN

 

 LA 271 - Meditación para percibir la conciencia

 LA 799 - El recolector de lluvia

 Aprende a meditar

El ego es la función de la mente encargada de  comprender y controlar la realidad  y así protegernos del peligro.  Separa los objetos unos de otros;  otorga a cada uno un concepto, una imagen y una localización. Nos separa  a nosotros  mismos como algo concreto y diferente del resto, de modo que el yo ocupa el centro de mi universo y las cosas están fuera.  A este modo de concebir el universo a través de conceptos, imágenes y distancia se le llama en yoga “discriminación”. El funcionamiento del ego es simbólico; no controla la realidad sino las ideas que tiene de la realidad.  Este sistema es efectivo pero muy limitado;   tarde o temprano, la realidad sorprende al ego y éste tendrá que reelaborar sus interpretaciones.

 

La naturaleza profunda del ego es emocional.  Funciona en un eje que va del peligro a la seguridad.  Las emociones se inscriben en ese eje, y van de la huida (el miedo), al ataque (la ira),   la inhibición (la tristeza), el rechazo (el asco) o la aceptación (el contentamiento).  Éste es nuestro ser animal e instintivo.

 

El error más común y grande del ego  es confundir la idea con la realidad misma;  esto es,  creer que las cosas son  como las pensamos.  Esto  nos distrae y separa; nos hace fantasiosos y carentes de intensidad.

 

Cuando la mente va más allá del ego,  deja de identificarse con los conceptos y de reaccionar emocionalmente. Entonces , aparece una experiencia silenciosa e integradora, que parece contenerlo todo. A este estado se llama Shunia. En palabras de Yogi Bhajan, en Shunia tú eres tú, tú eres todo y tú no eres nada, a la vez. Es una experiencia verdaderamente amorosa y neutral. El yo separado no tiene sentido. Todo es experiencia.

 

Meditar, en sentido estricto,  es ir más allá de la proposición del pensamiento y de la reacción emocional;  más allá de la forma y la distancia, más allá de la diferenciación.  Entonces la mente se vuelve silenciosa, creativa  y gozosa.

 

Ciertamente,  siempre habrán  patrones  de conducta y descripciones de la realidad,  pues  son las herramientas de que disponemos para sobrevivir y sentirnos seguros. Pero con la meditación,  este sistema se vuelve  flexible. La mente aprende a desapegarse aunque sea momentáneamente de sus interpretaciones y ello permite ir soltando   tendencias  dolorosas y destructivas  para transformarlas en otras más funcionales e integrados.

 

Hay  dos modos  de meditar.   El primero,  llamado Laya Yoga, usado por   la mayoría de religiones y escuelas,   consiste en regular la respiración, cantar mantras,  sostener ciertas posiciones corporales o mantener mudras con las manos.  Todo esto crea un ritmo que, si se sostiene el tiempo suficiente,  transforma  la mente.

 

El segundo método, llamado Pratyahar, consiste en silenciar directamente la mente,  contemplando el presente sin reaccionar.  Cuando sucede, parece de lo más simple y natural. Pero lo cierto es que requiere paciencia, inteligencia, estrategia, fortaleza mental, abertura y constancia.

 

Para aprender a meditar lo ideal es practicar tanto Laya como Pratyahar.   Ambas vías son complementarias y se retroalimentan.

 

Sat Nam Rasayan es uno de los métodos más eficaces y rápidos para aprender a meditar en silencio (Pratyahar).  La mayoría de las personas que se acercan  a este sistema lo hacen porque quieren meditar.  Convertirse en  “sanador profesional”   es una vocación destinada a pocos,  que trae implícitos muchos cambios y desafíos.